Saltar al contenido

Hongos de Chernóbil podrían ser clave para los viajes espaciales

El hongo negro conocido como Cladosporium sphaerospermum, descubierto en la zona de exclusión de Chernóbil, ha capturado la atención de los investigadores por su potencial para desarrollar tecnologías que protejan a los astronautas de la radiación en futuras misiones espaciales. Este organismo ha mostrado una notable capacidad para crecer en ambientes altamente radiactivos, lo que lo convierte en un candidato interesante como escudo biológico para expediciones hacia la Luna y Marte.

Investigaciones en Chernóbil

La historia de este hongo se remonta a mayo de 1997, cuando la investigadora Nelli Zhdanova y su equipo identificaron hongos negros en el reactor de Chernóbil. Durante sus estudios, notaron un fenómeno llamado radiotropismo, que se manifiesta por el crecimiento de los hongos en dirección a partículas de grafito contaminadas, sugiriendo así una adaptación a su entorno adverso. La melanina, un pigmento también presente en la piel humana, parece ser clave para su supervivencia, pues puede alterar sus propiedades electrónicas ante radiación.

Es fundamental tener precaución con las afirmaciones relativas al crecimiento acelerado de Cladosporium en entornos radiactivos. Según un artículo de 2007 publicado en PLOS ONE, aunque se ha observado que los hongos melanizados pueden proliferar más rápidamente bajo radiación, los datos específicos sobre Cladosporium no han sido medidos de manera válida, lo que deja el valor de “10%” cuestionado por la comunidad científica.

Resultados de Experimentos Espaciales

El interés por este hongo se amplió hacia el ámbito espacial, tras un experimento realizado por Nils Averesch y su equipo en la Estación Espacial Internacional (ISS) durante aproximadamente 26 días, cuyos resultados se publicaron el 5 de julio de 2022. Aunque la cepa utilizada no era la original de Chernóbil, se observó que el hongo podía disminuir la radiación en un 2% y crecer 1,21 veces más rápido que su equivalente en la Tierra. Sin embargo, los investigadores advierten que este experimento carece de la capacidad de disociar los efectos de la microgravedad y de la radiación.

Adicionalmente, un preprint de bioRxiv de julio de 2020 propuso que un grosor de 21 centímetros de hongo podría compensar la dosis anual de radiación que un astronauta recibiría en Marte. No obstante, estos son solo cálculos preliminares, cuyo respaldo necesita ser validado con mediciones directas.

Científicos de la Agencia Espacial Europea (ESA) han indicado que la melanina podría no ser un protector superior a otros materiales como la celulosa frente a la radiación, aunque se considera que la disposición del pigmento podría tener un impacto en la protección contra ciertos tipos de radiación.

Perspectivas Futuras

A pesar de los progresos realizados, la investigación sobre la viabilidad de Cladosporium sphaerospermum como un método de blindaje contra la radiación aún se encuentra en fases iniciales. La comunidad científica lo ve más como un complemento de otras tecnologías de protección que como un reemplazo. Recientemente, se han creado biocompuestos que combinan melanina con otros materiales, mostrando efectividad en resistir condiciones adversas en el espacio.

En resumen, aunque el hongo de Chernóbil ofrece características intrigantes que podrían ser aprovechadas para proteger a los astronautas, es vital continuar investigando y validando estos hallazgos antes de formular afirmaciones definitivas sobre su uso en futuras misiones espaciales.